He de reconocer que no tengo una opinión formada sobre la figura de Carlos Hugo de Borbón Parma. Si bien, a grandes rasgos y como cabeza del Carlismo, siempre había pensado que se trataría de una persona anclada en el tradicionalismo más obsoleto. Porque sí que he tenido oportunidad de leer sobre este movimiento –e incluso de conocer a algún ancianísimo seguidor de los de antes-, cuyo mismo origen se sitúa en la no aceptación por parte del Infante Carlos María Isidro del reinado de su sobrina Isabel II en el trono de España. Todo ello a pesar de ser la legítima heredera de su padre Fernando VII y en el país regir una ley semisálica, que permitía a Isabel reinar al carecer de hermanos varones. Por ello vinieron guerras civiles que tantos sinsabores trajeron a España y muchas divisiones que aún colean en ciertos aspectos.