Nunca he llevado bien esa mezcla celebridad-realeza que practican algunos de los miembros jóvenes de las casas reales –especialmente algunos/as consortes- y que tan buenos ejemplos han encontrado en varios de los hijos de los reyes Constantino y Ana María de Grecia. Por encima de todos ellos se lleva la palma en cuanto a este comportamiento el príncipe Nicolás, un solterón empedernido de 40 años al que asocio rápidamente con un dandy inglés de vida licenciosa, entregado a los placeres y las mujeres bellas. Alguien con vida de rico dependiente de las rentas, poco apegado a las responsabilidades.